21/11/09

La ruta

I
El frío viento llegó acompañado con tus ojos negros buscando piel, el techo gris de la ciudad sólo conocía de humedad y la asquerosa melancolía; al salir de las cuatro paredes de la oficina ya en la puerta te imaginaste el beso de bienvenida con la mano que se extendía para guiarte al fuego, despacio sin resistencia imaginaste la tibieza blanca y suave.

Al llegar, la luz de las velas anunciaban el espacio para la guerra de piel, el desafío era borrar un espacio tan grande y sólo dejar el hueco sinuoso entre la comisura de tus labios y los míos, el pequeño viento que se forma en la palma de tu mano en mi rodilla, el remolino azul de una lengua en la nuca, y ese sueño insoportable entre tu abdomen y el mío. La fusión exacta entre saliva y sudor que acompaña la fuerza de nuestros cuerpos justo antes de morir despacio.
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